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Llegados a este punto, quiero hacer balance, repasar las notas mentales que tengo contigo y de ti; todos los “post-its” que escribiste en mí y, que luego, yo subrayé. Me he propuesto bajar al trastero de mi alma, ahí, donde me crecen las telarañas, es donde guardo todos los cuadernos cuyas tapas rezan “NOSOTROS”, ahí encontraré la respuesta que sirva de Diazepan para esta ansiedad.

Ahora que los “para siempre” de tu boca se tambalean porque han mutado a meros “mientras dure”, es tiempo de ver los tachones de mis apuntes en los que aparece tu nombre, quiero recordar qué percepciones tenía sobre ti y cuáles sobreviven a día de hoy. Si no hago memoria se me tornan vaho de un antiguo espejo. Percepciones efímeras e inalcanzables, casi tan inaccesibles, como todo lo que escondes dentro de esa mente tuya. Un muro soviético se ha levantado entre nosotros, un telón de acero con ladrillos de dudas y argamasa de correveidiles de tercera clase.

Por infinitas razones, me siento como Sherezade, la narradora de las “Mil y una noches”. Tengo la maldita necesidad de que, en cierta forma, tú me salves. Intuyo que si no recupero a tiempo todos los motivos por los que hemos llegado hasta aquí, por los que vale la pena seguir… será demasiado tarde para ambos.

Pero dime, ¿quién eres tú y quién soy yo? ¿Aladino o la lámpara maravillosa? ¿Alí Babá o los cuarenta ladrones? ¿Simbad el marino o el cíclope? ¿Eres el héroe o el villano? ¿La víctima o el verdugo? Dímelo pronto, por favor, necesito saber qué papel me toca interpretar a mí. Definitivamente, creo que ha llegado el momento de perderme en los recuerdos para descubrir cómo hacer frente al futuro. Si valoro de dónde venimos, sabré hacia dónde vamos.

Si me soy sincera no sé qué quiero, pero sé qué no quiero: perderte.

Perderte me da pánico. Apuesto a que si me analizasen, le añadirían la terminación “-fobia” a tu nombre.

Repito: no sé qué quiero, pero sí sé qué no quiero: no quiero que esto acabe.

Crisis, crisis, crisis… estábamos hartos de asociarla a la economía o a la sociedad, pero parece que  ahora también crece una entre nosotros. A ti y a mí, que no nos hacían falta películas para saber lo que era estar enamorados, nos sobraba con mirarnos y dejarnos llevar. La complicidad nos tenía envidia y ahora nos echa de menos porque tú y yo nos echamos de más. ¿Qué ha pasado?¿En qué hemos fallado?

¿Por qué hemos cambiado besos por gritos o cenas juntos por tiempos muertos con los demás? No me dejas otra salida. Voy a tener que conquistarte otra vez…

Lo diré por última vez, no sé qué quiero, pero sí sé qué no quiero: no quiero despertarme ni un día sin que tus brazos me rodeen.

-CONTINUARÁ-

mujer seductora, sexy, conquistadora, sutil.