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Tú, el primero y el último y yo sin saber contar.

Siempre se me han dado mal lo números, pero contigo he suspendido precipitadamente, tal vez, por eso hoy soy de letras.

1, 2, 3… Nos pasamos la vida contando, rodeados de números, de fórmulas, de esquemas o reglas mnemotécnicas, de signos que inventamos para reconocerlos de forma universal, “uno para todos y todos para uno” como decía Dumas en su novela.

Aprobamos sin revisión el orden de las cifras y sus cálculos, aprendemos desde pequeños a sumar y restar valores, pero, ¿cómo se restan las personas? Parece sencillo, pero es harto complicado; te vas y yo me quedo, pero uno menos uno equivale a nada. Proclamo, entonces, este resultado desierto; no somos nada. Pasó, fuimos todo venido a menos, somos menos venidos a la nada; desierto sentimental si es lo que te viene en gana.

No me lleves a tu terreno, no me hagas perder el rumbo tan pronto, manipulando mis pensamientos. Hablaba de los números, de que son muy traicioneros, sobre todo, si incumben a la edad e impíos si se trata del tiempo, pasan unos tras otros veloces, fugaces… como los que llevan a la espalda los galgos en los canódromos. Sí, son caprichosos, pero analfabetos, no saben lo que les pertenece, por eso, yo siempre he sido de letras. No he llegado a odiarlos, bueno sí, los de las facturas, los que traen responsabilidades, como los años, como las notas… Ojalá hubieras sido tú un número más, uno más de una lista que olvidar, un pasado que se esfuma, pero no, los números no tienen voluntad ni obediencia. Yo no te olvido, imprimes mi memoria como las grandes fechas de la historia.

Malditas matemáticas, le declaro odio per capito a la geometría de tu cuerpo, a tus escondites, tus costuras, tus parpados, tu olor, tu aliento, a tus brujos recovecos.

Que nadie defienda la lógica en mi presencia, le he perdido la fe, soy atea de ella desde tu huida, me abandonó en el peor momento, se fugó con mi corazón, ahora sólo me queda analizar la situación con calma, pero cómo no voy a odiar la razón pura, si la geometría humana nos está dejando sin alma: mentes cuadradas y triángulos amorosos, creo que faltan parejas como nuestro primer “nosotros”.

Pero, qué se le va a hacer, te me has ido por la tangente y la resignación me mira como una cortesana para que la acepte. No puedo, ese es mi verdadero problema, por eso me ruego a mí misma que se vayan estas dudas, no alcanzo a averiguar la respuesta, este “quiero y no puedo” nunca ha quemado tanto en nadie como lo hace en mí, este amor de azufre me corroe, me destroza pero no se evapora, ojalá, pero este coeficiente sólo se limita a verte, a tenerte y desearía que cumplieras la norma de que la línea más corta entre dos cuerpos es la recta, te suplicaría que volvieras, que te perdieras en mis curvas, seguro que entre tantas teorías tuyas y mías aprobábamos la práctica con matrícula de honor. Te diría: tráeme tu mente y tu físico que yo me encargaré de la química, verás cómo nos sobran teoremas de Gauss o campanas metafísicas.

Te suplicaría literalmente: ríndete a esta cateta y que salga la hipotenusa por donde quiera, seguro que nos derivamos al error, pero qué supremo el momento de sumarnos, de exponernos, de multiplicarnos una y otra vez, una… y otra vez.

espalda hombre

Sí, eso te diría, te diría, te diría, te diría… pero no te digo, el tiempo pasado me recuerda que el presente es diferente, que mi realidad es otra y que es mejor, aunque no a primera vista, que la farsa del pretérito que compartimos.

Pensándote, recuerdo cómo empezamos, cómo eras, todo lo bordabas, todo lo que hacías lo hacías francamente bien, con pausa, con solera, con serenidad, con aplomo, con elegancia, con el vuelo de las cosas que están por encima, con la mirada soberbia y la ambición en la sonrisa… Sí, igual de bien te recuerdo con las manos llenas de tinta y la ropa en el suelo.

Nuestro denominador común eran las ganas de querernos, ¿dónde está ese traidor ahora? Seguro que está contigo, dicen que “Dios los cría y ellos se juntan”, pues bien, sois de la misma condición, ladrón, seguro que estáis compartiendo cerveza en algún antro de pocas luces y muchas sombras.

Ya lo sé, he perdido toda lógica, esta loca se ha perdido entre desviaciones típicas e incógnitas pero no me he desquiciado tras tu partida, ya estaba loca por ti cuando me ataba con el arnés de tu cuerpo y mis principios saltaban al vacío por los agujeros de tus miedos.

Qué maravillosos aquellos años en los que sí podíamos mezclarnos, uno de nuestros problemas hoy es que yo soy pera y tú manzana, tú tienes dudas y yo certezas, tú experiencia y yo hipótesis de tres al cuarto. “Los últimos serán los primeros”, pero en qué lugar quedamos tú y yo, no sé contar, pero sí sé que podías contar conmigo marcará la hora que marcará el estúpido reloj.

Cómo no iba a estar ahí para ti cuando volvieras si eras mi dogma de fe, te aprendí antes de conocerte, por ser quien eras. Eras el número uno, tú, el que no seguía a nadie, al que el mundo idealizaba, envidiaba, anhelaba… te quería por ser más que pluscuamperfecto. Tú, ganador, as, oro y premiado, te has ido como te ibas siempre, con la primera persona que pasaba, te dejabas querer, más de lo que he podido soportar, pero soy idiota hasta un punto, hasta este punto final; como despedida te mando un infinito por cada una de esas veces, un infinito por si no te acuerdas o no sabes hasta qué punto te he querido.

Adiós infinito.

ciudad de noche